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Apenas pasaba una hora del mediodía del primer día de este año (2018) cuando por primera vez pisé suelo Balinés y suelo Indonesio. Tras un placentero vuelo de un par de horas desde Singapore, tomamos tierra en el aeropuerto de Ngurah Rai en Denpasar, la capital de Bali. Recogemos las maletas y esperamos a las personas que tienen que recibirnos para conducirnos hasta nuestro alojamiento. La primera impresión es que es gente muy amable y servicial. Antes de arrancar nos advierten que el trayecto durará “45 minutos si el tráfico está bien” y que “ya llegaremos si hay atasco”. Estamos hablando de un trayecto de entre 15 y 20 kilómetros dependiendo de la ruta elegida.

Tras cerca de una hora, llegamos a un pequeño paraíso en Bali. Era de día e iba situado en el asiento del copiloto (en la parte izquierda del coche) por lo que tenía una buena visión del panorama. Los primeros kilómetros transcurren por la capital, con avenidas amplias de hasta 3 carriles en cada sentido. Desconozco si era hora punta pero era un continuo atasco. Me llama la atención que el conductor va continuamente tocando el claxon. Al principio pienso: “qué estresado va”. Pero luego me doy cuenta de que es su forma de avisar, que no lo tocan a modo de enfado sino de señal de presencia. Es algo normal en su cultura. Lo siguiente que me llama la atención es la cantidad de motos que circulan y lo “aprovechadas” que van. No es raro ver motos con 3 o 4 ocupantes: dos adultos y uno o dos niños (incluso bebés). El casco es totalmente opcional y no es infrecuente que el pasajero vaya sentado de lado.

¿Desprecio a las normas o culto a la supervivencia?

A medida que vamos alejándonos de Denpasar las carreteras se van haciendo más estrechas y pasan a ser de doble sentido. El volumen de coches y, sobre todo, de motos, sigue siendo muy superior a la capacidad de la vía por lo que no es raro que las motos adelanten por la acera (cuando existe). Las rotondas solo existen en la capital y los cruces son sencillamente imposibles de entender. Motos y coches que se cruzan por todos los lados y me hacen cerrar los ojos en más de una ocasión. En el trayecto desde el aeropuerto hasta la villa, te acabas acostumbrando y los adelantamientos temerarios  y los cruces imposibles dejan de sorprenderte.

Lo que no dejó de sorprenderme en toda la estancia es la paciencia y la tranquilidad de los conductores. No vi un solo mal gesto ni una protesta en los 4 días que estuve en Bali. Para mí, uno de los secretos mejor guardados de Bali: su gente. Amables, serviciales, pacientes y respetuosos. Más allá de las puestas de sol de cuento de hadas, de los templos al borde de acantilados, de las infinitas playas o de su exuberante vegetación, me quedo con su gente.

El primer día, por la tarde, decidí ir a un gimnasio cercano a hacer cinta. Estaba a apenas 500m por lo que me dispuse a ir a pie. Salí de casa y llegué hasta la carretera. Una carretera de doble sentido sin aceras. Cruzar la carretera (el lado de enfrente me parecía “más seguro”) me llevó 5 minutos. Nada más cruzar me paró una moto. “¿A dónde vas? te llevo por 50.000 rupias” (poco más de 3€ al cambio). El primer impulso fue decirle que no, pero estaba decidido a llevarme y seguía a mi par (en medio de la carretera). Al final le dije que iba por 20.000 rupias (1,24€) y aceptó. Entre que Yo no tenía muy claro dónde estaba el club y que (por lo que descubrí más tarde), al sitio se le conoce por varios nombres, el buen hombre me llevó a otro sitio. Al poco de montar en la moto me dije: “Estás loco Iulen. Te montas en la moto con un desconocido, en un sitio que no conoces, para ir a un sitio al que nunca has ido”. Le digo que no puede ser ese sitio, que el sitio al que voy tiene un campo de fútbol, pistas de tenis,… Damos la vuelta y finalmente me lleva al destino. Prueba superada. Una y no más. El resto de días, en taxi.

Tanto tráfico y comportamientos que aquí vemos como imprudentes me han llevado a buscar datos de mortalidad en accidentes de tráfico en Indonesia (no he encontrado datos de Bali), en Singapur (país del que venía) y de España. En el portal de la OMS (Organización Mundial para la Salud) he encontrado datos de seguridad vial de 2013:

Los muertos en Indonesia son notablemente más elevados que en España y que en Singapore al igual que ocurre con el número de habitantes y con el número de vehículos registrados. Sacamos los ratios para ver qué país es más o menos seguro desde el punto de vista del tráfico:

Una vez relativizados los datos, vemos como Indonesia sigue siendo el país menos seguro tanto en muertes por cada 100.000 habitantes (columna 5) como en muertes por cada 100.000 vehículos registrados.

También llama la atención lo motorizados que estamos en España, con casi 70 vehículos por cada 100 habitantes por los apenas 18 de Singapore o los poco más de 40 de Indonesia.

Quizás este sea una de los factores por los que la esperanza de vida en Indonesia es sensiblemente inferior que la de España o la de Singapore.

Os animo a que visitéis la página Web population.io (como juego), donde podéis calcular vuestra esperanza de vida (con fecha exacta) en diferentes países y averiguar lo “viejos” o “jóvenes” que sois en relación a la población mundial o de un país concreto.

Aquí van mis cifras:

El el mundo soy de los viejos:

Mientras que en España (población más envejecida que la media del Mundo), soy un jovenzuelo:

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