Continuamos con otro de los platos fuertes de nuestro viaje a Jordania, el desierto de Wadi Rum.

Día 3: Petra –> Wadi Rum

Hoy nos desplazaremos hasta el desierto de Wadi Rum, situado en el extremo Sur de Jordania. Personalmente, era lo que, a priori, más me atraía de todo el viaje. Ver anochecer y/ ver amanecer en el desierto era una cosa con la que soñaba desde que cerramos el viaje.

El trayecto desde Petra hasta el centro de visitantes de Wadi Rum es de 107 kilómetros y, desde el centro de visitantes hasta nuestro hotel situado en el área protegido de la reserva es de otros 10 kilómetros (estos los hicimos en vehículos todo terreno, la furgoneta no podía circular por el desierto).

Nada más llegar al centro de visitantes, montamos en un todo terreno tipo pick-up para nuestra visita guiada al desierto. Vamos en la caja del coche para admirar mejor los paisajes. En cuanto nos alejamos un poco del punto de encuentro, nos quedamos solos. Mires a donde mires, solo se ve arena e imponentes montañas.

Es un paisaje salvaje y hostil. La lluvia y la tormenta de arena deslucen la parte final de la visita y nos hacen temer lo peor de cara al paseo en globo del día siguiente.

Finalizada la excursión, comemos en una gran carpa en la zona no protegida del desierto y nos dirigimos al centro de visitantes desde donde nos conducirán a nuestro hotel-campamento. En este punto Omar nos confirma que la salida en globo se ha suspendido por las condiciones meteorológicas.

Una vez instalados en nuestras “martian tents” – una especie de iglús con la parte delantera transparente para poder ver el cielo estrellado – Diego y Yo fuimos a explorar una duna que teníamos enfrente del campamento. ¡Cómo engañan las distancias en el desierto! Parecía que estaba cerca y que era más bien bajita. Nos costó un buen rato ir y volver. Una vez de vuelta, nos juntamos todo el grupo y nos dirigimos a la gran carpa que hace las veces de comedor y de zona de recreo.

Una vez que cae la luz, no hay mucho que hacer en el desierto. Pasear resulta peligroso, las habitaciones no tienen televisión y la cobertura es ciertamente escasa e intermitente. Esto no es un problema en sí mismo pero sí es importante conocerlo para dejar los planes bien atados antes de entrar a la reserva. Así que llevaos un buen libro y a leer en el iglú bajo la luz de las estrellas. Como estaba el día nublado, no pudimos disfrutar del atardecer con el que tanto había soñado. Ya tenemos excusa para volver 🙂

No pudimos aprovechar el desierto al 100% pero sí pude corroborar el potencial que creía que tenía. Quizá sea el punto más negro del viaje. Era la etapa que más ilusión me hacía y es en la que más contratiempos nos hemos encontrado. Como he comentado antes, una excusa perfecta para volver a Jordania.

Continuará

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