Archivos para abril, 2016


Medio maratón Azkoitia – Azpeitia

16 de abril de 2016

17:00

Estoy sentado mientras escribo estas palabras. Es martes, 19 de abril de 2016. Hace un día agradable, soleado con algunas nubes y en torno a 19 grados. Un bonito día primaveral, ideal para pasear.

El sábado por la tarde, cuando me dirigía hacia Azpeitia para tomar parte en la Azkoitia – Azpeitia, los limpiaparabrisas apenas daban abasto para retirar el agua de la luna de mi coche mientras circulaba por la A8. La temperatura (en torno a 11 – 12 grados) era ideal para correr. Al llegar a Azpeitia el panorama era bastante diferente, no llovía y empezaba a asomar el sol con una considerable subida de temperaturas. Marco Rodrigo lo expresó de forma magistral a través de la siguiente ecuación: “viento sur y calor + lluvia previa + sale el sol a 5 minutos de la salida + carretera mojada + humedad+ … (detalles personales) = infierno en el asfalto” y Gabriel Beldarrain se hizo eco en su blog).

Al llegar a Azpeitia, aparco en la trasera del hotel Loiola, junto a la meta de la carrera. Hago tiempo en el coche hasta las 4 y comienzo a trotar hacia Azkoitia, pasando por delante del memorial a Diego García. Las sensaciones son horribles, noto la comida en la boca y mucho malestar en el estómago. Intento convencerme de que es normal, de que me pasa cada vez que la carrera es por la tarde pero en el fondo sé que no es así. Llevo todo el día con las tripas revueltas y correr no es la mejor medicina. Por el camino me encuentro con Ibai Bereciarto y con su prometida y me paro a charlar con ellos. Llegamos caminando hasta Azkoitia, el cuerpo no me pide calentar más. Me entretengo buscando la cámara de llamadas y dejando la ropa en consigna por lo que el calentamiento no es el que debería ser.

Con todo, sigo intentando convencerme de que en cuanto salga la carrera, las cosas cambiarán. Me reúno con Borja Vélez y con Ángel Delgado y nos colocamos pegados a la liebre de 1h20. Es el objetivo marcado, llegar a meta con un ritmo medio de 3’48’’/km.

El primer kilómetro lo pasamos en 3’48’’ clavados (bravo por la liebre) y el cuerpo va fino. El segundo kilómetro lo hacemos en 3’50’’ pero empiezo a notar malestar en el estómago y ganas de vomitar. Me digo a mí mismo que tengo que aguantar un poco pero el malestar va a más. Pasamos el tercer kilómetro en 3’40’’ y empiezo a descolgarme del grupo que sigue a la liebre. Al paso por el kilómetro cuatro (3’47’’), rodando ya en solitario, decido parar y quitarme el dorsal. Evalúo la situación: faltan 17 kilómetros con mucho calor y humedad. Poco que ganar y demasiado que perder. Creo que a estas alturas de la vida no tengo nada que demostrar a nadie (bueno, para qué voy a engañarme, hay una persona que nunca se conforma con nada).

Paro un par de minutos y tomo el camino de vuelta hacia Azpeitia trotando suave. Decisión difícil de tomar. Es la primera vez que me retiro en carrera. Al principio noto un vacío por no haber cumplido con lo esperado, por no completar mi primera participación en esta carrera. Mientras troto hacia el coche ya estoy pensando en cómo “compensarlo”. “Mañana voy a hacer un entreno de calidad en el que me voy a demostrar a mí mismo que lo de hoy ha sido un accidente”. Me abrigo en el coche y salgo a la recta de contrameta a animar a los valientes que siguen en el asfalto. Intento rodar un par de veces para acumular unos kilómetros pero las tripas no están bien y decido dejarlo hasta el domingo.

El domingo, con las tripas ya recuperadas, me calzo las zapatillas y me lanzo al asfalto. Completo el entreno con buena nota y lo del sábado queda olvidado. Borrón y cuenta nueva. Una semana traqnuila y a pensar y sobre todo a entrenar para la media de Donostia.

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